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Acuéstese boca arriba sobre una superficie no demasiado blanda, ni tampoco rígida. Los brazos, separados ligeramente del torso para mantener cómodamente las palmas hacia arriba. Las piernas separadas a gusto y los pies hacia fuera. Baje un poco la luz del ambiente, procure una temperatura adecuada, con suficiente ventilación, y si es posible coloque alguna esencia de su agrado para perfumar el aire. Acompañe esta experiencia con música suave, pero estimulante, preferentemente instrumental.
Si desea realizar este ejercicio sentado, apoye completamente su espalda y su cabeza, si es un sillón sin apoya-cabeza, acérquelo a la pared; relaje los hombros y deje sus brazos sobre los muslos, con las palmas hacia arriba. Los pies, si es posible, libérelos del calzado.
Una vez creada la ambientación y elegido el lugar, haga inspiraciones y exhalaciones profundas, soltándose en cada una de ellas, como si deseara amoldarse a la superficie en la que se encuentra. En cada exhalación libere los pensamientos dispersos, deje fluir las emociones que surjan. Así nos predisponemos para descontraer la totalidad de los músculos, articulaciones, ligamentos, órganos, nervios y glándulas. Lo vamos a hacer desde los pies a la cabeza y de la piel hacia adentro, hasta llegar a la médula misma de los huesos.
Permanecemos conscientes y lúcidos, escuchando todo el tiempo, para asimilar solamente aquello que deseamos. Los sonidos externos no perturbarán nuestra descontracción, sino que ayudarán a profundizarla.
Descontraemos los pies, sintiendo como se liberan dedos, arcos y talones; los empeines y tobillos se relajan; las pantorrillas y tibias se descontraen, las rodillas se sienten totalmente sueltas. La descontracción asciende por los muslos, glúteos, liberando plenamente la zona pélvica y sus órganos, haciendo que las articulaciones coxofemorales se descontraigan, relajando más intensamente las piernas y la cadera.
La cintura se relaja, la espalda disuelve ahora todas las tensiones, irradiando la descontracción por la espina dorsal hacia todas las extremidades. Estamos a gusto y felices con nosotros mismos, soltando, descansando...descontrayendo ahora la zona abdominal, la región intercostal y el pecho...sentimos que los órganos allí alojados se relajan plena y profundamente, tranquilizando el corazón, vitalizando los pulmones...
Las manos se sienten libres...dedos, muñecas, antebrazos y articulaciones de los codos; los brazos se relajan, haciendo que las articulaciones de los hombros se relajen completamente...
El cuello y la garganta se liberan en profundidad...la lengua se experimenta como si estuviera suelta, desde la raíz hasta la punta...el maxilar inferior y el mentón se relajan, las encías y los labios se descontraen...una sensación de alivio circula por las mejillas, haciendo que las fosas nasales y la nariz se relajen...tornando a los ojos y párpados, livianos...El entrecejo comienza a distenderse hacia la frente y las sienes...la descontracción continúa en el cuero cabelludo y va descendiendo por él hasta liberar las orejas y profundizando en nuestro cerebro, para relajarlo con intensidad. Estamos completamente descontraídos, músculos y nervios superficiales...músculos y nervios profundos...asimilando los beneficios de la práctica corporal, incorporando lo que hemos ganado en concentración, fuerza, flexibilidad y vitalidad...
Podemos sentir una sutil vibración de calor que agradablemente recorre todo el organismo. Es nuestra energía vital, fluyendo libremente, tonificando cada célula, regenerando los tejidos, estimulando el sistema nervioso, respiratorio, circulatorio, favoreciendo el funcionamiento de los órganos y las glándulas, aumentando la capacidad inmunológica y el nivel de percepción de todas las facultades sensoriales y extrasensoriales...
Al disminuir la frecuencia de latidos cerebrales, estamos en el nivel ideal de conciencia para sembrar allí aquellas nuevas pautas de vida, positivas, claras y significativas. El pensamiento es una manifestación de la energía y podemos aprovechar esta capacidad de realización que todos poseemos.
Nos trasladamos mentalmente hacia un lugar que elegiríamos para permanecer y descansar...lo vemos con detalles, todo a nuestro alrededor es belleza y sosiego, quietud y armonía...Serenamente, podemos hacer surgir de nuestro interior pensamientos de paz, de comprensión y de amor...de autoestima, aceptación y confianza en nuestras propias potencialidades...Visualizamos imágenes claras, bellas y sentidas de todo aquello que deseamos ver realizado en los diferentes aspectos de nuestra vida...
Pausa...(2 minutos)
Lentamente, vamos a ir dejando estos pensamientos, para volver la conciencia al cuerpo...A través de los sentidos nos conectaremos con él. Comenzamos con los más sutiles, percibiendo claramente los sonidos que llegan desde el exterior, con nitidez....Sentimos el gusto al movilizar los labios y la lengua...La respiración es ahora más profunda, reconocemos con ella los aromas del lugar, el perfume del aire...Suavemente, las manos comienzan a moverse, despertando el tacto al friccionar los dedos uno a uno, disfrutando el calor y la humedad de la piel...extendiendo esta sensación a todo el cuerpo, sintiendo el piso y la ropa....movilizando los pies y abriendo poco a poco los ojos, para comenzar a expresarnos libremente, con movimientos espontáneos, extendiéndonos y descubriéndonos bien descansados, más integrados, física, emocional y mentalmente.
De modo que en forma gradual podamos ir sentándonos, más plenos y saludables, con las energías renovadas, gratificados con nosotros mismos y con la confianza de haber exacerbado nuestras aptitudes psicofísicas;... para crecer en dirección de nuestros proyectos más anhelados de salud, desenvolvimiento interior y vida plena.
Bien despiertos, lúcidos, sintonizados con nuestro ser más profundo, desacelerados, contentos, con mucha motivación para comunicarnos, disfrutar, sonreír, trabajar y amar.
De muy buen humor...y con alegría de vivir...