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YOGA Y STRESS
Fundamentos teóricos y prácticos

El contenido de este libro es la fundamentación de la actividad que realizo en el área de Revitalización y Anti-estrés del SANATORIO “DIQUECITO”, Institución pionera en Salud preventiva, radicada en la Provincia de Córdoba de la República Argentina.
Los Ejercicios son tomados del Yôga más antiguo, cuya filosofía práctica de vida tiene todos los elementos para que una persona pueda conocerse mejor, potenciar sus posibilidades psicofísicas y por lo tanto incrementar su salud.
Antes de desarrollar las técnicas específicas es conveniente comprender el concepto básico de estrés, que todos padecemos en diferentes grados de intensidad. Es una palabra de origen inglés cuyo significado es fuerza o presión, también énfasis. Si consideramos que para funcionar en la vida necesitamos un mínimo de fuerza o energía deducimos que existe un estrés bueno e imprescindible, el cual se denomina eutrés y significa la tensión saludable; es una reacción benéfica, euforizante y constructiva, debido a la secreción de endorfinas; es el estado de satisfacción después de una misión cumplida; puede favorecer realizaciones aún con circunstancias adversas, evidenciando signos creativos y positivos.
  Ahora bien, cuando las tensiones de la vida exceden nuestra capacidad de respuesta podemos experimentar distrés, que produce enfermedades psicosomáticas si se torna crónico; se manifiesta con dolores físicos u opresión, insuficiencias respiratorias, cardíacas o digestivas. No son lesiones orgánicas sino las señales de alerta cuando existe la imposibilidad de resolver una problema, o un conflicto que afecta la paz interior provocando una gran discordancia en nuestro ser.
El neutrés es un estado de neutral serenidad, cuando hay comunión con la vida en un éxtasis contemplativo de la misma. Produce reposo y economía de nuestro organismo, porque es reconstituyente de la fuerza vital. El equilibrio en todos los planos despierta facultades intuitivas, de invención y creación artística.
No podemos escapar del estrés, porque significaría huir de la vida, por lo tanto se trata de administrar o dosificar los niveles de tensión para preservar el equilibrio psicofísico y la salud.   El Dr. Hans Seyle,   padre de la investigación del estrés, lo define como la respuesta no específica del organismo a una amenaza presentida o real.
Para analizar esta definición debemos considerar que existen dos tipos de agentes estresores ante los cuales damos respuestas: el primero corresponde a los físicos o ambientales, es decir, los factores climáticos, frío, calor, el aire que respiramos, los microbios y microorganismos que nos rodean, ruido, etc. Normalmente, para ellos las reacciones del cuerpo son específicas y es nuestro sistema inmunológico quien se encarga de hacerlas. Por ejemplo, si nos pica un mosquito observamos en el lugar la reacción de los mecanismos de defensa ante el agresor externo. Sabemos también que cuando el estrés es elevado se reducen dichos recursos lo cual nos expone a enfermedades diversas.
El otro grupo de agentes estresores es de orden psicológico y aquí las respuestas son no específicas, porque constituimos una unidad psicosomática que provoca reacciones diferentes en cada individuo debido a la conformación única de factores hereditarios, educación recibida, y cultura en la que se ha desarrollado, lo cual otorga también un modo único de interpretar y evaluar los hechos de la vida.
Sin la memoria del estrés no habría estrés, porque nuestros recuerdos ordenan qué debe asustarnos o hacernos enojar. Muchas veces generamos tensiones sólo por imaginar lo que puede llegar a suceder; por eso hoy se afirma que el 90 % de los obstáculos que percibimos son irreales y que el 10 % restante constituyen oportunidades o desafíos para la creatividad y el crecimiento interior.  
Esto parece explicar por qué hay personas que se reponen ante situaciones catastróficas y otras sucumben ante situaciones de menor importancia. Dice el Dr.Hans Seyle:
“Las tensiones mentales, las frustaciones, la inseguridad, y la falta de objetivos se cuentan entre los factores de estrés más dañinos, y estudios psicosomáticos demuestran con cuánta frecuencia pueden provocar jaquecas, úlceras pépticas, ataques al corazón, hipertensión, enfermedades mentales, suicidio o simplemente, una terrible infelicidad.”
Cuando no canalizamos las tensiones que la vida nos produce, ellas se manifiestan con síntomas muy variados entre los que podemos mencionar: contracturas musculares, insomnio, trastornos digestivos, dolores de cabeza y articulaciones, problemas en la piel, caída del cabello, pérdida de memoria y concentración, irritabilidad, disfunciones sexuales, etc. Hoy se conoce que el origen de muchas fobias, ataques de pánico y ciertos tipos de depresión, tienen en su origen situaciones de estrés crónico que no han sido bien manejadas.
Los investigadores dicen que como el estrés de la vida es permanente, deberíamos cultivar una actitud de reducción del estrés también de un modo permanente, para llegar a modificar pautas mentales y hábitos que nos permitan preservar la salud y el equilibrio psicofísico.
La consecuencia más difícil del estrés   crónico es la adicción que produce: la ciencia ha demostrado que las personas estresadas aumentan los contenidos de los opioides cerebrales, semejantes a morfinas naturales. Esto hace que sigan en una situación de tensión como si fuese la droga de la que no se puede prescindir, para no sufrir unas crisis de abstinencia.
Los ejemplos de esta conducta los vemos cotidianamente: los empresarios o ejecutivos que no saben disfrutar del tiempo de descanso; los jugadores compulsivos; la competitividad en los deportes u otras disciplinas en grado extremo; etc.
El exceso de estímulos es tan perjudicial como su defecto. Según el Dr. Hans Seyle, esto determina reacciones que pueden medirse en cuatro niveles:
Estrés disminuido: Sucede cuando se pierde el sentido de desafío de la vida; la sensación de logro; o la falta de motivos para luchar.
Estrés bueno:   Es el nivel óptimo porque permite el pleno desarrollo de la persona; estimula las funciones vitales y la creatividad.
Estrés excesivo:   Aquí comienza a sentirse que nunca alcanza el tiempo; la persona no puede relajarse ni tomarse un tiempo de descanso sin culpabilidad.
Estrés perjudicial: Cuando se ha perdido gran parte del control, la persona llega a enfermarse física o mentalmente. A veces suele recurrir a estimulantes, alcohol, píldoras para dormir, tranquilizantes. En estos casos, el estrés puede provocar daños en el corazón.

Ante esta realidad es imperioso tornarnos receptivos a todo malestar o síntoma de estrés. Como una de las características de esta enfermedad es que podemos padecerla por “adaptación” a esas señales de alerta, pidamos ayuda o aceptémosla cuando alguien nos indica la necesidad de detenernos y revisar nuestro comportamiento.
Es una actitud nueva porque implica prestar atención a todas las señales internas, cuando normalmente estamos entrenados a ser solicitados exteriormente. Tengamos confianza en nuestra capacidad de generar reacciones más saludables ante una situación de tensión. Todas las personas tenemos un nivel diferente de tolerancia de estrés. Para que éste se produzca generalmente se dan tres factores:
Imprevisión: Cuando no podemos prever el desenlace de un acontecimiento, esto nos obliga a un estado de alerta que activa el estrés.
Falta de control: Cuando, frente a ese acontecimiento, ya no tenemos posibilidades de manejarlo o influir sobre él.
Falta de salidas para la frustración: Cuando no podemos luchar o huir, la indecisión es muy perjudicial, porque la descarga hormonal que prepara el cuerpo no se interrumpe. Si el cuadro se repite con frecuencia se instala un círculo vicioso que necesariamente busca mecanismos compensatorios para calmar la ansiedad: fumar, beber, comer en exceso, etc.
Sin embargo, aprenderemos a salir de este círculo comprendiendo su funcionamiento y ejercitándonos para un nuevo estilo de vida. Animo y adelante...                                                  
Los tres objetivos que propongo alcanzar a través de los Ejercicios Antiestrés son los siguientes:

VITALIDAD: Si consideramos que toda situación de tensión produce una fuga de energía vital, es imprescindible que aumentemos nuestras reservas para poder administrar el estrés bueno y   reducir el perjudicial. No sólo a través de ejercicios sino también cultivando   actitudes nuevas,   afianzadas en patrones de pensamiento positivos que nos permitan ampliar nuestra conciencia sobre la vida.



“Para ser Vitales es necesario renovar nuestros pensamientos y sentimientos conocidos por aquellos más nobles y puros que aguardan en lo profundo del corazón.”





INTEGRACIÓN: Hemos aprendido que toda persona está constituida por una realidad física, otra emocional o psicológica, y la más profunda, mental y espiritual. Incluso hemos llegado a creer en el funcionamiento autónomo de cada uno de estos planos, pero en rigor de verdad   existe una interacción permanente entre ellos porque somos una unidad; así es como todo pensamiento, sentimiento o emoción genera una reacción física y en forma recíproca nuestra salud corporal condiciona nuestra salud mental y espiritual.
Conquistar este objetivo implica vivir del modo más coherente posible entre lo que pensamos, sentimos y hacemos.   Muchas veces nos sentimos obligados a cumplir roles que no hemos elegido y es muy estresante tratar de ser, o peor, tener que ser quien uno no es. Cuando estamos fragmentados generamos el caldo de cultivo ideal para el estrés.
También la integración supone achicar la brecha entre mis preferencias y mis rechazos, entre lo que me gusta y lo que no me gusta; porque cuando establecemos amarras muy fuertes en las distintas posiciones nos tornamos muy rígidos, y esto puede quebrarnos. No debe interpretarse como un relativismo en que los principios son maleables, sino como la necesidad de buscar la autenticidad de nuestra persona, pero   balanceando el peso de las realidades con la adhesión suficiente que nos permita seguir funcionando en plenitud.


“Debemos esforzarnos en unificar todas nuestras pequeñas corrientes personales de deseo que nos motivan, hasta que el deseo perdurable del amor surja dentro nuestro como un río poderoso, cuya única salida, su única saciedad sea el mar de amor que llamamos el Señor.”
                                                                        Eknath Easwaran    





MODIFICAR PAUTAS MENTALES:   Los investigadores coinciden en que todas nuestras conductas están grabadas en los planos más profundos de nuestra conciencia; entonces, cuando deseamos crear un nuevo hábito de pensamiento para cambiar nuestra respuesta al estrés, es necesario aquietar la mente,   acceder a dichas zonas de la conciencia y sembrar allí nuestras genuinas intenciones.
Este objetivo puede desalentar a quien cree que nada puede cambiar en su vida. Sin embargo, aunque todos estamos condicionados por la estructura psicológica que tenemos, no estamos determinados en forma absoluta, porque somos el producto del aprendizaje y sólo basta cambiar de actitud para darnos crédito y aceptar que podemos seguir aprendiendo.




“La conciencia es capaz de generar impulsos mentales que generan a su vez nueva información biológica. Conservar ese potencial creativo es la característica del no envejecer.”
                                                                                  Deepak Chopra.